México, DF
3 de octubre de 2008
Por Liliana Rodríguez Silva
Hechos Internet
Las botellas de plástico que se desechan a diario en México representan un negocio millonario que la mayoría de personas desconoce.
Estas son fabricadas de una resina termoplástica derivada del petróleo, cuyo nombre químico es Polietileno Tereftalato (PET), y es ciento por ciento reutilizable.
Del PET se crean botellas transparentes y brillantes de color cristal o verde, que han sido consideradas a nivel internacional como envases de excelencia por sus características: su producción es de bajo consumo de energía, no contiene halógenos y son totalmente reciclables.
En México, este material se comenzó a utilizar a mediados de la década de los ochenta.
Según datos de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), cada año se producen más de nueve mil millones de botellas en el país, que representan casi una tercera parte de la basura doméstica generada. Se calcula que el consumo de este material es de cinco kilogramos por persona al año.
Un estudio de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) estima que la demanda de PET al año en la Ciudad de México y los municipios conurbados es de 124 mil toneladas, de las cuales son recuperadas 48 mil toneladas, un equivalente al 38.7 por ciento.
Mientras que a nivel nacional, la demanda de envases elaborados con este material es de más de 413 mil toneladas anuales y sólo se recupera un promedio de 17.3 por ciento, correspondiente a 71 mil 300 toneladas.
En México, que ocupa el segundo lugar en el mundo en desechos de PET, no existe legislación sobre el reciclado de plásticos o normas que rijan su tratamiento, como la creada para el manejo de residuos sólidos.
Millones de estas botellas son desechadas en las vías públicas, bosques y playas del país, las cuales demoran hasta 500 años en degradarse al ambiente.
Por ello, desde el 2003 se inició el acopio y procesamiento de este material. El ingeniero Jorge Treviño, director de Ecología y Compromiso Empresarial (ECOCE A.C), explicó el proceso de recuperación que recibe el PET cuando es reciclado.
“Estas botellas se reciben a granel; normalmente se pasan a una parte de segregación manual donde se separan por colores, tipos de material y además se les quitan algunos contaminantes críticos”, precisó.
Las técnicas de recuperación de esta materia prima a nivel mundial son fundamentalmente dos: reciclado mecánico y reciclado químico.
El proceso de reciclado mecánico se divide en dos fases. En la primera se procede a la identificación y clasificación de botellas, separación de etiquetas, triturado, separación de partículas pesadas de otros materiales “como polipropileno, polietileno de alta densidad”, agregó.
Posteriormente se hace un lavado final, secado mecánico y se almacenan las hojuelas obtenidas tras el triturado, las cuales son aptas para su transformación en nuevos elementos.
En el caso del reciclado químico, que resulta menos costoso que el mecánico, se realiza a través de dos procesos: metanólisis y glicólisis. Estos se llevan a cabo a escala industrial, y consisten en la separación de los componentes de la resina, pero no se realizan en México.
Ahora bien, el 80 por ciento de las hojuelas de PET molido son vendidas a países como China, India, Estados Unidos y Canadá.
China lo utiliza principalmente para hacer prendas de vestir, mientras que en Estados Unidos comúnmente se emplea para la fabricación de alfombras. En otros países, el PET es utilizado para reforzar el pavimento de las carreteras y como fuente de energía.
Treviño abundó que generalmente los países asiáticos devuelven este plástico a México ya integrado en productos como juguetes, bolsas y zapatos. “El uso de la resina reciclada genera un ahorro hasta de 25 por ciento del costo de los insumos”, manifestó.
Como ejemplo de la utilización de este material, explicó que “en el caso de la fabricación de una camiseta blanca básica, con 50 por ciento de algodón reciclado y el resto de PET reutilizado, se consumen dos botellas de dos litros”.
Por otra parte, el que se queda en México se usa para fabricar geotextiles (tela no tejida), fibra de relleno para almohadas, chamarras, bolsas para dormir, peluches, rodillos para pintar, fleje de embalaje y lámina de termoformado.
Además, “se ha empezado a fabricar hilo textil y botellas nuevas para productos de consumo humano”, indicó el ingeniero.
La ciudadanía es pieza clave para que el negocio del PET siga creciendo en el país. En el proceso de reciclar este material y cuidar el medio ambiente, lo principal es no arrojarlo a la vía pública y separarlo de los residuos orgánicos cuando se desecha.
Al respecto, Treviño recomendó “vaciar los restos de líquido que quedan dentro de las botellas y aplastarlas”.
La explosiva generación de desechos de Polietileno de Tereftalato ha creado un mercado de reciclado cuyo valor potencial asciende a 700 millones de dólares anuales; sin embargo, hasta el momento sólo se aprovecha un 14 por ciento de este material.
Lo cierto es que aunque el PET es un negocio millonario en México, para uso personal no resulta rentable. Para juntar un kilo de esta resina se necesitan 30 botellas de 600 mililitros.
“El precio del PET está alrededor de los dos pesos por kilogramo a granel”, dijo Treviño, pero agregó que este puede aumentar si se le da un mayor valor agregado, “como separar por colores, prensar y controlar la contaminación con otros desechos”.
Hoy , existen en México varias empresas autorizadas para la recuperación del PET, ubicadas en Tijuana, Hermosillo, Ciudad Juárez, Monterrey, Guadalajara, Estado de México, Distrito Federal, Veracruz, Acapulco, Villahermosa y Chiapas.
El reto está en el acopio, y el problema es que en países como el nuestro falta educación y conciencia ciudadana sobre el uso de este tipo de materiales reciclables.
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