Con una profunda preocupación por la contaminación ambiental y al amparo de su liderazgo, Coca–Cola desarrolla una serie de acciones destinadas a reducir el impacto de su producción en el planeta, y se propone además que otras empresas se sumen a la iniciativa de instrumentar planes y programas para minimizar los efectos negativos de sus procesos industriales. Eficiencia energética, cuidado del agua, promoción de una política de envases sustentables, y control de emisiones conforman una ambiciosa iniciativa basada en una visión integrada y de largo plazo.
Como afirma la directora de Asuntos Públicos y Comunicaciones de la División Sur de Coca-Cola, María Marta Llosa, “la intención es hacer crecer el negocio, pero no a costa del planeta”.
En el marco de su compromiso con el medio ambiente, Coca–Cola, se propuso alcanzar, para 2015, una serie de metas en materia de protección de clima, ahorro de energía, cuidado del agua y envases sustentables. Entre ellas se encuentra el compromiso de devolver a la naturaleza una cantidad de agua equivalente a la que emplea en la producción de su bebida. Es que, según explica María Marta Llosa, directora de Asuntos públicos y Comunicaciones de la división Sur de América Latina de Coca-Cola, esta acción logrará neutralizar el efecto del agua utilizada. Pero no solo se reintegrará el líquido, sino que además se restituirá en condiciones que permitan la vida acuática. Para eso se construyeron plantas de tratamiento biológicamente compatibles. En Uruguay, la Planta de Tratamiento de Efluentes fue inaugurada en 1999, y constituye una planta modelo para el país. La misma es capaz de procesar los efluentes equivalentes de una ciudad de 25.000 habitantes.
Sucede que, según expresa Llosa, la intención de la compañía es que crezca el negocio, pero no a costa del planeta. Fue así como entre 2004 y 2008 se redujo un 14,3% el índice de agua utilizado a nivel mundial. En ese sentido, la empresa somete a tratamiento toda el agua que emplea en sus procesos industriales. Además trabaja en varias partes del mundo y en conjunto con la organización World Wildlife Fund (WWF) por la sustentabilidad del agua; pues son parte de sus propósitos colaborar en la reposición de los acuíferos y evitar que se sigan degradando.
Sin embargo, no es ésta una acción aislada de la compañía, pues en el año 2005, Coca–Cola midió su huella ambiental en términos de emisiones a la atmósfera y los factores que más incidían en ella. De ese modo se supo que los mayores contaminantes eran los equipos de refrigeración que contienen espuma aislante en las heladeras y líquidos refrigerantes HFC.
Para reducir este impacto, la compañía comenzó a colocar espumas libres de HFC. Ese proceso ya se completó en un 85% y se estima que culminará en aproximadamente un año. Por otra parte, la compañía está abocada a desarrollar una tecnología, en base a dióxido de carbono, que permita reemplazar el refrigerante de sus equipos y reducir así la huella de carbono en un 40 ó 50%. Si bien esta tecnología ya existe, no se encuentra disponible en gran escala como para permitirle a Coca-Cola sustituir todos sus equipos en este momento. No obstante, el compromiso de Coca-Cola es implementar esta alternativa en 100.000 equipos de frío antes de 2010.
“Nos hemos comprometido a maximizar la eficiencia energética de nuestros equipos y ya lo estamos haciendo. Logramos reducir en un 37% el uso de energía por medio de un diseño inteligente que los mantiene en descanso cuando el negocio está cerrado”, informa Llosa.
Coca –Cola aplica la misma política de responsabilidad ambiental en los 200 países en los que está presente, así como en las 900 plantas que posee en el mundo.
En el marco de esta política responsable hacia el medio ambiente, otro factor de impacto son los envases. En este sentido, lo que se busca es reducir el gramaje de los mismos y emplear la mínima cantidad de materia prima en su fabricación, sin descuidar la protección del producto y por eso promueve, en todo el mundo, la implementación de políticas de reciclado.
“En algunos países trabajamos para que nuestros envases sean re utilizados”, sostiene Llosa. Sin embargo lograr esto no es sencillo, ya que requiere la existencia de políticas públicas, gubernamentales, que acepten la utilización de estos envases para el uso con alimentos. En Uruguay, en 1996, se implementó con el apoyo de Coca-Cola un plan de reciclado de envases plásticos, que logró, en base a clasificadores, la recolección del 65% del total de envases comercializados. Esta experiencia dio origen a la ley de envases del año 2004, y también a la creación de empresas de procesamiento y clasificación de Pet que venden a mercados extranjeros para la confección de telas y vestimenta.
“Cuando se genera un mercado es más fácil: si los envases cobran valor todo fluye más rápido”, sostiene Llosa.
Por otra parte, la compañía también se ocupa de minimizar el impacto de su flota en lo que tiene que ver con los procesos de distribución y almacenamiento. “Controlando el sistema de combustión de la flota de camiones, rediseñamos los recorridos y usamos vehículos más pequeños. En ese aspecto Uruguay es pionero en América del Sur”, explica Llosa.
Asimismo, agrega refiriéndose a la cadena de abastecimiento, la compañía se asegura de que la materia prima que emplea en la elaboración de la bebida provenga de fuentes sustentables.
Ocurre que “la sustentabilidad es un equilibrio entre comunidad, lugar de trabajo, medio ambiente, salud y bienestar, y ocupa una posición relevante en la manera de operar de Coca-Cola. Somos una compañía líder, y no tenemos ninguna duda de que hacer las cosas de esta forma genera contagio y pone en la agenda de la comunidad empresarial los temas de responsabilidad corporativa y de cuidado del medio ambiente”, dice Llosa.
