El furor por el reciclaje inició en enero de 2007, cuando el precio de reciclaje de las botellas aumentó hasta diez centavos. [Foto: Ciro Cesar/La Opinión]
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En medio de la noche, Miguel Gaeta, de 70 años, hurga en el interior de un bote de basura. Su objetivo: latas de aluminio, botellas de vidrio o plástico, cartón. No encuentra nada. La crisis económica ha traído consigo más competencia. “Ya pasaron antes”, dice con un tono de tristeza.

Originario del Distrito Federal, Gaeta gana “unos dólares para comer” recolectando lo que otros tiran, pero esta noche ha reunido apenas tres envases de vidrio.

Lo que Gaeta ignora es que cada vez que echa un vistazo a los contenedores de color azul está cometiendo un delito menor.

Según el código del condado de Los Ángeles, esta práctica es equivalente a robar, pues desde que un bote de basura es colocado en una acera, su contenido se considera propiedad de la compañía transportadora de desechos.

En la ciudad de South Gate se han tomado el asunto con seriedad y han emprendido una campaña de vigilancia que llevó al decomiso de cientos de libras de material y a la detención, en 30 días, de tres individuos con órdenes de arresto.

“Nos sorprendimos que no solo son personas que buscan un modo de obtener dinero”, indicó Nellie Cobos, asistente del Departamento de Administración de esa municipalidad.

El objetivo de esta campaña es cumplir con una ley estatal (AB939) que requiere a cada ciudad reciclar el 50% del total de la basura dispuesta cada año para evitar multas de hasta 10,000 dólares por cada ocasión que no se alcance esa meta.

Otro punto es proteger a los residentes, añadió Cobos. “Existe el riesgo de robo de identidad, porque a veces en los contenedores se encuentra información privada”.

Antes del 5 de febrero, día en que se intensificó la vigilancia en los vecindarios, el Departamento de Policía de South Gate (SGPD) recibía constantes quejas de ruido durante las noches ocasionado por los recolectores. Algunos, recalcó Cobos, llegaban a meterse a los jardines de las casas y dispersaban la basura en la calle.

Sin embargo, la acción de las autoridades no ha sido constante, por lo que los resultados han variado. Por ejemplo, tras decomisar 266 libras de material durante los primeros rondines, solo reunieron 46 libras una semana después. Lo mismo ocurrió el 18 de febrero, cuando la policía puso nuevamente atención y confiscó 155 libras, pero el 9 de marzo sólo reunió nueve.

“En marzo interrumpimos el programa y hemos recibido nuevas llamadas de los vecinos, esperamos que a mediados de mayo lo iniciemos de nuevo”, expresó la asistente administrativa.

Cifras del Departamento de Conservación de California indican que durante los primeros seis meses de 2008, se reciclaron más de 7,500 millones de envases de bebidas en el estado, 600 millones más que el año anterior.

El furor por el reciclaje inició en enero de 2007, cuando el precio de las botellas de menos de 24 onzas y de 24 onzas o más, se elevó 5 y 10 centavos, respectivamente. Posteriormente, la crisis económica motivó a los californianos a abarrotar los centros de reciclaje, en un esfuerzo por obtener más recursos.

“He buscado trabajo y no hay; antes era jardinero. Tengo que andar juntando botes y ver qué sale de la basura”, explica don Miguel, antes de perderse en la oscuridad.