Recientemente surgió la sospecha de que la ciudad es usada como tiradero de llantas inservibles.

Se estima en 400 mil los neumáticos triturados, del 2008 a la fecha, a través de un programa especial de reciclaje, suma que resulta sorprendente.

Pero no sólo las llantas debe ser preocupación para las autoridades y nosotros como ciudadanos, sino cada objeto considerado contaminante que llegue a su etapa final de uso: las bolsas de plástico, los pañales, las pilas alcalinas, los hidrocarburos y otro tipo de sustancias y materiales representan un alto riesgo para el entorno en el que diariamente nos desenvolvemos.

El cambio climático, el calentamiento global y enfermedades amenazantes van ligadas al deterioro del medio ambiente, algo que tienen que ver con otro deterioro, el de nuestras actitudes como ciudadanos responsables.

Pero la contaminación, la generación de tiraderos a la intemperie, no sólo va ligada a un individuo, también a empresas que en cantidades considerables desechan material que debe ser tratado especialmente en su desintegración o destrucción o reciclaje.

Hace unas semanas, en la ciudad, aunado a una serie de acciones sociales e institucionales por prevenir enfermedades gastrointestinales y el dengue, una empresa local anunció el cambio de sus bolsas de plástico por unas biodegradables, es decir, de menor grado de contaminación y capaces de desintegrarse en menor tiempo que las que actualmente conocemos y a diario son utilizadas en todo lugar donde adquirimos algún producto.

A esas compañías que innovan y aportan un beneficio al entorno se les denomina “Empresas Socialmente Responsables”. No es otra cosa que una organización privada o civil que más allá de cumplir con normas gubernamentales ligadas a lo ecológico, asumen valores y principios relacionados con la realidad social del lugar en el que se instalan.

A eso, también se le llama cultura, una cultura organizacional que aún no se enseña ni se promueve en muchas empresas, como en el caso de Intell Programas, que más allá de buscar alternativas de uso o desecho, creó un tiradero de computadoras en un terreno baldío de la ciudad, razón por la que fue multada el 13 de abril pasado por las autoridades locales.

Una Empresa Socialmente Responsable es aquella que a través de muchas acciones promueve no sólo el cuidado del ambiente, con ello va implícita la calidad de vida de sus trabajadores y de la sociedad, el respeto a las leyes y, genera un desarrollo humano y principios de solidaridad.

Y aunque usted no lo crea, aumenta sus clientes ante esa imagen positiva, los empleados acuden con mayor entusiasmo, se vuelve más influyente entre los inversionistas, puede llegar a ser es reconocida internacionalmente, se gana el respeto de las organizaciones no gubernamentales e incluso pueden llegar a reducir sus costos de operación a través de acciones ambientalistas.

Este tipo de empresas, con ello, se convierten en algo más que empresas, pues no sólo desempeñan un rol comercial o productivo.

En estos tiempos en los que nos acecha y amenaza una extraña enfermedad mortal, es bueno reflexionar sobre nuestras acciones y ejemplos no sólo desde nuestros hogares como ciudadanos y padres hacia las nuevas generaciones.

También es tiempo de una transformación organizacional que permita la educación de sus trabajadores en la seguridad, en la salud, en el cuidado del entrono para evitar el deterioro, no sólo de nuestro hábitat, sino de nuestros valores y responsabilidades sociales.

De otra manera, nos desgastaremos cada vez más y quizás sin éxito, en paliar los problemas ambientales, de pobreza, educación, de salud y muchos otros que nos aquejan a causa de nosotros mismos y esa falta de compromiso, de pertenencia al lugar que nos acogió o en el que nacimos; debido a nuestra recurrente indiferencia hacia el futuro inmediato y hacia los demás.

marcosrodriguezleija@hotmail.com

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