Los 17 millones de habitantes de Pekín generan 18.000 toneladas diarias de desperdicios.
“La crisis de basuras” invaden el país asiático
Como sucede en la mayoría de las ciudades chinas, en Shanghai tampoco hay un programa oficial de reciclado. La recogida selectiva es espontánea, y se repite en cada esquina. Papeleras y contenedores, son desvalijados varias veces al día por un ejército de ‘carroñeros’, así lo publica un artículo en “El Mundo” digital.
El desarrollo económico ha disparado no sólo la riqueza y el bienestar sino también el volumen de desperdicios que se generan en China. Ambos fenómenos convergen en las grandes megaurbes, donde el manejo de la basura resulta insostenible bajo el modelo actual.
El problema es común en las grandes ciudades del gigante asiático, aunque no exclusivo. Se trata de una ‘migraña global’, un reto en la gestión de viveros humanos de gran tamaño. Por ejemplo, Shangai generó en 2007 un volumen de basura capaz de llenar cinco veces la torre Jinmao, el tercer edificio más alto del mundo, con sus 19 millones de habitantes
Ante este panorama tan desolador, China debe introducir programas de reciclaje y aprobar normativas para penalizar o gravar la generación de basura. Según las autoridades, la prohibición de las bolsas de plástico gratuitas, por ejemplo, ha contribuido ya a reducir un 65% los deshechos de polietileno en apenas un año de vigencia.
