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Con las malas prácticas de reciclaje se desaprovecha un 19% de residuos potencialmente reciclables y un 49% de residuos orgánicos.
Colombia no es ajena a la política de reciclaje en beneficio de un ambiente sano y, aunque falta mucha conciencia, ya se trabaja en varios campos de acción.
Desde hace unas décadas el mundo habla con urgencia, cuidado y pereza sobre el reciclaje. La palabra conciencia ya hace parte de una cultura en el hogar y el trabajo que a muchos inquieta, pero que resulta dispendiosa si de separar los residuos orgánicos e inorgánicos se trata. Y no sólo eso, para muchas personas es complicado reciclar, porque no sabe cómo organizar las basuras, ni cómo entregarlas a su destino final. Desde el Gobierno y el sector empresarial, hasta recicladores independientes trabajan en la consecución de un ambiente más sano, a partir del manejo adecuado de lo que, en principio, pareciera tener como último escenario una bolsa negra.
En Colombia se generan aproximadamente 40.000 toneladas diarias de residuos sólidos. Silvio Ruiz, coordinador gremial de la Asociación de Recicladores de Bogotá, dice que se logra reciclar el 20% de los residuos reciclables, de un potencial total del 39%. “Algunas prácticas y experiencias exitosas en el tratamiento de residuos orgánicos o ‘verdes’ pueden alcanzar hasta un 6% en procesos de elaboración de abonos orgánicos aeróbicos y anaeróbicos lombricultivos, que alcanzan un 55% del total de las basuras”, concluye el líder.
Con lo anterior queda claro que todavía se deja de aprovechar un 19% de residuos potencialmente reciclables y un 49% de residuos orgánicos. Ahí es donde se pone de manifiesto que el país tiene mucho trabajo por hacer.
Por el medio ambiente
En opinión del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, la contribución a la salud ambiental está representada principalmente por la disminución de la presión sobre los recursos naturales, así como los procesos tecnificados ahorran energía y el mayor potencial está en la valorización energética de materiales.
Por su parte, Silvio Ruiz habla de beneficios climáticos al afirmar: “Reciclar es una de las maneras más baratas y eficaces de reducir las emisiones de gas del efecto invernadero, pues evitar una tonelada de CO2 (gas carbónico) mediante el reciclaje, cuesta 30% menos que hacerlo a través de la eficiencia energética y 90% menos que la energía eólica”.
Otras ventajas ambientales aparecen al requerirse menos energía para manufacturar bienes a partir de materiales reciclados como vidrio, metales y plástico, que hacerlo a partir de materiales vírgenes. En el caso de los productos de papel, el beneficio es que implica menor demanda de madera, por lo tanto, se disminuye la deforestación.
Asimismo, Ruiz afirma que los planes de incineración y de vertederos entran directamente en conflicto con el reciclaje y la obtención de compost (abono orgánico), al competir por materiales similares: papel, cartón, plásticos y productos orgánicos. Reciclar reduce las emisiones 25 veces, comparado con la incineración, además, esta última emite más CO2 por unidad de electricidad, que las centrales eléctricas a carbón.
En diversas ocasiones se ha dicho que la industria del reciclaje no es tan viable ambientalmente debido al alto costo del sistema de plantas y al importante consumo de energía de éstas. Para el Ministerio de Ambiente, es importante hacer ajustes relacionados con la separación desde la fuente, articulada a la recolección y transporte selectivo, lo que implicaría mejores rendimientos en la operación de las plantas; realizar una tecnificación en los procesos de adecuación y transformación, y desarrollar nuevos productos relacionados con la valorización energética. “En este sentido existen incentivos a través del Estatuto Tributario, mediante el cual, el Gobierno apoya con la exclusión del IVA a la maquinaria importada que esté destinada al reciclaje de materiales”, afirma un vocero del ente gubernamental.




