Ingrid Vaca Diez, en primer plano, decidió ayudar a Mónica Gutiérrez (de negro) a tener su casita propia. (Foto: Rocío Lloret)

Rocío Lloret>Latino/Santa Cruz
Lejos de los países desarrollados, donde la ecología es política de Estado, en un barrio perdido en Santa Cruz una mujer se ha propuesto un reto que suena increíble: construir un barrio con diez casitas sólo de botellas.

Sí, leyó bien, totalmente construida con botellas plásticas y de vidrio.

La boliviana Ingrid Vaca Diez empezó este sueño de familias pobres en 2006 y el pasado 16 de julio empezó la construcción de la tercera vivienda.

La beneficiaria será Victoria Gutiérrez, una mujer que tiene cuatro hijos y cuyo esposo es un humilde albañil.

Esta familia vive en el barrio Alfredo Vaca Diez (abuelo de la benefactora) de Warnes, localidad ubicada al norte de Santa Cruz.

El proyecto de Ingrid es hacer un barrio ecológico, donde los habitantes, además de tener dónde vivir dignamente, puedan cocinar platos típicos y venderlos a los turistas.

HACER SUEÑOS REALIDAD

La “doctora Vaca Diez”, como es conocida esta abogada, se enteró un día de que una niña que vivía en un pahuichi (una casita de barro y techo de palmeras) soñaba con tener un techo propio para ella y sus hermanitos.

El sueño de la pequeña era casi un imposible, ya que el barrio estaba en un terreno bajo. Así, cada vez que llegaba la época de lluvia toda el agua que rebalsaba del pueblo se metía en los cuartuchos.

“Les llegaba hasta la cintura”, recuerda Ingrid.

Con el desafío en la cabeza, la mujer empezó a recolectar botellas para usarlas como ladrillos.

Alguna vez su abuela le había enseñado a mezclar tierra con cemento, azúcar, sal y hasta excremento y sangre de animales para formar una masa que sirviera para construir hornos de barro.

Empezó a investigar por Internet, hizo pruebas y obtuvo una fórmula que, mezclada con tierra y arena, sustituye al cemento.

Como primer paso consigió que le regalaran escombros y tierra para rellenar el suelo y así evitar las inundaciones.

TAREA TITÁNICA

Los cimientos de las primeras dos casas fueron hechos con llantas de vehículos y las paredes con botellas de vidrio y las internas de plástico.

Para la casa de Victoria, “la doctora Vaca Diez” incursionará en el uso de tapitas (tapillas) para forrar los muros de los cuartitos que la familia ya tenía, pero que son muy viejos.

La nueva casa, hecha totalmente con materiales reciclados, tendrá dos dormitorios, una cocina, baño y lavandería.

Todos los días, la familia Gutiérrez le dedica el tiempo que puede a construir la casita. Ingrid va por las tardes y el fin de semana y así esperan terminar para septiembre.

La idea inicial era que los vecinos se ayudaran mutuamente, pero esto no ha sucedido y aunque la familia de María Jesús Molina y sus hermanitos huérfanos ya tienen su casa, con Victoria no ha habido la misma colaboración vecinal.

A pesar de todo, ni ella ni Vaca Diez desisten: la primera sigue trabajando y la otra ya acude a empresarios para que le ayuden a techar la casa. Falta mano de obra y que la buena voluntad no termine para seguir dándole un techo a los sueños.

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