A la derecha, en una camilla, están acomodados dos bultos alargados y deformes. Son cadáveres envueltos en sábanas traídas por los familiares de los difuntos. A la izquierda un muerto más, colocado en otra camilla. En la pared, seis puertas metálicas como las de los refrigeradores.
El cuartico, de no más de 15 metros cuadrados, tiene las paredes deterioradas y acumula un aire denso y viciado.
Es la morgue del Hospital Clínico Universitario de Caracas, que funciona en el sótano del centro asistencial.
Aunque en el lugar sólo hay capacidad para seis cadáveres los trabajadores de la medicatura aseguran que diariamente son llevados alrededor de siete u ocho cuerpos.
Ante la escasez de espacio para acomodar los muertos la improvisación abunda. Cuando no caben en las cavas y tampoco queda algún espacio en las camillas son metidos en bolsas plásticas que traen como obsequio los empleados de las funerarias que acuden a recoger a los fallecidos.
Las condiciones son pésimas.
Los seis cadáveres que tienen el privilegio de permanecer en las cavas tampoco están bien refrigerados. “Las puertas de las cavas no cierran bien”, cuenta uno de los camilleros de la unidad de anatomía patológica que prefirió mantener su nombre en reserva por temor a ser despedido. A pesar de las múltiples cartas que los empleados le han hecho llegar a la directiva del hospital, los trabajadores afirman que no han recibido ninguna respuesta.
Lo peor es que la situación de insalubridad y hacinamiento no parece ser muy diferente en el resto de las medicaturas forenses que funcionan en la capital, donde sólo la de Bello Monte puede efectuar autopsias legales.
La falta de espacio, de mantenimiento, de patólogos y de recursos económicos para hacer las remodelaciones e inversiones necesarias son algunos de los factores recurrentes que contribuyen al desbordamiento de las morgues.
A esto se suma que muchas veces las familias demoran algún tiempo en reunir el dinero para pagar el traslado y entierro de sus familiares fallecidos, que mientras deben ser preservados para retardar su descomposición. “En ocasiones tardan tres o cuatro días en retirar el cadáver porque les cuesta completar la plata para los servicios funerarios”, explicó uno de los camilleros del Clínico Universitario.
Desechos patológicos. Además de los muertos, en las medicaturas forenses se acumulan diariamente fluidos y partes corporales que son removidos de los cuerpos en las autopsias.
Estos desechos patológicos se descomponen y no pueden ser preservados junto con los desperdicios comunes. En el Hospital Clínico Universitario deben ser recogidos tres veces por semana por empleados de la Alcaldía del Municipio Libertador, aunque en el centro asistencial afirman que no siempre es así. El viernes de la semana pasada permanecían los desperdicios de dos semanas. Los camilleros se ven obligados a sacar a alguno de los cadáveres que está en las cavas para guardar allí los desechos corporales, que se descomponen con rapidez cuando son dejados a temperatura ambiente.
Lo mismo sucede en la morgue del Hospital Domingo Luciani, de El Llanito donde en ocasiones los desperdicios también ocupan el lugar de alguno de los cadáveres en las cavas.
Pestilencia en El Llanito. En la morgue de El Llanito los familiares de los fallecidos deben soportar olores pestilentes mientras esperan a que les entreguen los cuerpos de sus seres queridos.
En este centro asistencial a veces hay 30 cuerpos refrigerados. Los empleados de la morgue no quisieron dar explicar con detalle las condiciones de la sala a la que tampoco se tuvo acceso. Uno de ellos se limitó a decir: “La población aumenta, la violencia aumenta y el espacio en la morgue es siempre el mismo”.
Los malos olores que son frecuentes en El Llanito son permanentes en la morgue de Bello Monte, donde la pestilencia se respiran incluso desde la calle y a pesar que el miércoles de la semana pasada la Dirección Nacional de Protección Civil hizo una limpieza en la medicatura forense.
La causa de la fetidez es muy simple: 26 cadáveres están acumulados en los sótanos de la morgue, lo que aumenta los niveles de insalubridad a los cuales están sometidos los patólogos al hacer las autopsias.
Extraoficialmente, se supo que estos cuerpos son víctimas no identificadas ni reclamadas por sus familiares.
La limpieza de la semana pasada fue una actividad de rutina, indicó Luis Díaz Curbelo, director nacional de Protección Civil. Esto no convence a los funcionarios de la morgue, pues aunque en tres años no se había hecho una desinfección tuvieron que volver a meter cuerpos descompuestos y material patológico.
