En 1962, John F. Kennedy afirmaba que “si pudiéramos producir agua potable a bajo coste a partir del agua de mar, sería un auténtico servicio a la humanidad, que eclipsaría cualquier otro logro científico”. Hoy su sueño se ha convertido en realidad.
El proceso de retirar las sales disueltas del agua del mar recibe el nombre de desalinización. Aunque se han probado diversos métodos a lo largo de la historia (evaporación, electrodiálisis,…) actualmente la tecnología mayoritaria es la ósmosis inversa, que separa las sales haciendo pasar el líquido a través de membranas semipermeables inmersas en enormes tubos de alta presión. (Tampa Bay S)
La desalación sólo es rentable a menos de 150 kilómetros del litoral y en una cota inferior a 200 metros.
Si bien la desalinización es una solución esperanzadora ante la creciente demanda de agua potable, no está exenta de polémica. Fundamentalmente porque en el proceso de extracción de la sal del agua se producen residuos salinos que, una vez vertidos al mar, pueden perjudicar a la fauna y flora marina (como las praderas de posidonia del Mediterráneo). Actualmente ese problema parece resuelto gracias a la aplicación de medidas de dilución y distancia. (National Library of Australia)
Dos millones de metros cúbicos diarios
En la actualidad España es la cuarta potencia en utilización de la desalinización, después de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes y EE.UU. En sus más de 900 plantas desaladoras se producen diariamente dos millones de metros cúbicos de agua al día.
La planta desalinizadora de Tampa, en Florida (EE.UU.), produce 108.000 metros cúbicos al día. Por su trabajo en la construcción de esta y otras desaladoras, a principios de 2008 la empresa española Acciona fue distinguida por la revista británica Global Water Intelligence (GWI) como la mejor compañía de desalación de agua del mundo. Las futuras desaladoras de Londres (Reino Unido) y Adelaida (Australia) también tendrán manufactura española.
El investigador Henry Samueli, de la Universidad de California, está utilizando la nanotecnología para desarrollar innovadoras membranas de ósmosis inversa. Las nuevas membranas utilizan una matriz de polímeros construidos a escala molecular para repeler todos los contaminantes, dejando pasar exclusivamente el agua. La tecnología, asegura, podría reducir el coste de un litro de agua desalada en un 25%.





